Una larva que devora al ganado vivo y una disputa económica profunda. El Gobierno de Estados Unidos ha anunciado la reapertura de la frontera en Douglas, Arizona, para permitir el ingreso de ganado proveniente de Sonora, México. Esta decisión ocurre a pesar de que Sonora reportó recientemente su primer caso de infestación de mosca barrenadora.
La medida ha reavivado un debate sobre el proteccionismo. Ganaderos estadounidenses, como Bill Bullard de R-CALF, advierten que aumentar la dependencia de fuentes extranjeras es una amenaza para la seguridad nacional y temen que la importación reduzca los precios del ganado, que actualmente se encuentran en máximos.
En contraste, los productores mexicanos enfrentan una crisis severa. Álvaro Bustillos, líder ganadero de Chihuahua, afirma que el cierre fronterizo casi arruina su negocio, obligándolo a despedir personal y afectando la economía de numerosas familias.
Sin embargo, expertos como el economista Derrell Peel sugieren que la mosca barrenadora es una excusa. Según Peel, los altos precios de la carne no se deben a la plaga, sino a que el hato bovino estadounidense está en su nivel más bajo en 75 años debido a sequías severas.
En el plano político, la Casa Blanca busca reducir el costo de la carne para los consumidores antes de las elecciones de mitad de mandato de 2026. Para ello, el Gobierno ha impulsado la importación de carne extranjera, incluyendo un aumento en las compras a Argentina, lo que ha enfurecido a las asociaciones ganaderas locales.
Mientras los gobiernos debaten, en el campo la realidad es similar para ambos lados: sequías, disputas por el agua y una lucha constante por mantener a flote las explotaciones familiares frente a un mercado volátil.
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