La comunidad de Coquimbo se encuentra conmocionada tras la partida de una de sus figuras más emblemáticas en el ámbito del comercio local. José Retamal Ossandón, afectuosamente conocido por todos como “Don Pepe”, dejó de existir a la edad de 86 años, dejando un vacío significativo tanto en su entorno familiar como en el círculo de personas que lo conocieron a través de su trayectoria profesional y humana.
Don Pepe no fue solo un ciudadano más de la zona; se consolidó a lo largo de los años como uno de los comerciantes más reconocidos de la ciudad. Su vínculo con la comunidad se fortaleció a través de su labor como dueño de restaurantes y parrilladas, establecimientos que no solo fueron centros de actividad económica, sino también puntos de encuentro para muchos habitantes de Coquimbo. Su gestión en el rubro gastronómico lo posicionó como un referente del emprendimiento local, siendo recordado por su dedicación y el espíritu trabajador que imprimió en cada uno de sus negocios.
Más allá de su éxito comercial, quienes tuvieron la oportunidad de compartir con él lo describen como un hombre poseedor de una calidad humana excepcional. Retamal Ossandón es recordado como una persona alegre, generosa y profundamente culta. Esta última característica no fue producto del azar, sino de una curiosidad intelectual que lo acompañó desde sus primeros años de vida. Según los relatos de quienes lo conocieron, Don Pepe era un asiduo lector de enciclopedias, hábito que desarrolló desde temprana edad y que le permitió cultivar un vasto conocimiento sobre diversos temas.
Esta curiosidad y formación autodidacta se traducían en una habilidad social notable. Don Pepe era reconocido por mantener largas y enriquecedoras conversaciones con quienes lo rodeaban. Sus conocimientos, especialmente en el área de la música y otros temas variados, hacían que sus diálogos fueran espacios de aprendizaje y esparcimiento. Para muchos, conversar con él era sumergirse en un mundo de sabiduría y anécdotas, fruto de su amor por la lectura y su interés genuino por el mundo que lo rodeaba.
La generosidad fue otro de los pilares que definieron la vida de José Retamal Ossandón. Fue descrito no solo como un hombre culto, sino como un amigo leal y solidario que siempre estuvo dispuesto a extender la mano a aquellos que atravesaban momentos difíciles. Sus características humanas y su disposición para ayudar al prójimo son aspectos que, según indicaron sus allegados, serán profundamente extrañados por la comunidad.
En el marco de su despedida, su hijo, José Retamal, compartió palabras cargadas de emoción y gratitud. El hijo del fallecido destacó la importancia del acompañamiento recibido en estos momentos de dolor, señalando que el cariño de los demás ha permitido que la familia se sienta profundamente querida. Asimismo, valoró la posibilidad de haber pasado los últimos momentos junto a su padre, permitiéndoles tener una despedida serena y consciente. En este sentido, resaltó el hecho de que su hermana, Loreto, también pudiera estar presente y compartir con él antes de su partida definitiva.
La familia Retamal también manifestó su sincero agradecimiento hacia la comunidad religiosa, la cual brindó todo su apoyo, cariño y disposición desde el primer instante del duelo. En particular, José Retamal agradeció la presencia del padre Dixon, quien reorganizó su agenda personal para poder acompañar a la familia en el acto fúnebre y brindar consuelo espiritual.
Finalmente, en un emotivo mensaje directo hacia su padre, José Retamal agradeció el cariño y la generosidad que Don Pepe entregó durante su vida. El hijo destacó la simbología de la mesa, espacio donde la familia se reunía y que seguirá siendo el punto de unión para recordar sus raíces y los valores heredados. Estas reuniones familiares, centradas en el recuerdo de Don Pepe, servirán para que las futuras generaciones no olviden sus orígenes y el legado de un hombre que supo combinar el éxito comercial con una profunda humanidad.






