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Medicamentos GLP-1 y crianza: Expertos advierten sobre el riesgo de transmitir la "cultura de las dietas" a los hijos

Algunos consejos populares sugieren que los padres que toman medicamentos para suprimir el apetito simplemente no hablen del tema o den respuestas vagas sobre el cuidado de su salud.

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Medicamentos GLP-1 y crianza: Expertos advierten sobre el riesgo de transmitir la "cultura de las dietas" a los hijos

El auge en el uso de medicamentos GLP-1, utilizados tanto para el control de la diabetes como para la pérdida de peso, ha generado una nueva preocupación entre los padres de familia: el impacto que sus cambios físicos y hábitos alimenticios pueden tener en la percepción corporal de sus hijos. Con aproximadamente un 11 % de los estadounidenses utilizando actualmente estos fármacos, expertos en nutrición y salud mental alertan sobre la necesidad de manejar estas transiciones con transparencia para evitar fomentar trastornos alimentarios en las nuevas generaciones.

La preocupación central radica en la posibilidad de que los niños asimilen que la delgadez es un indicador de valor personal o éxito. Caitlin, una madre de Los Ángeles que utiliza GLP-1 para tratar una enfermedad autoinmune, expresó su temor a introducir involuntariamente la "cultura de las dietas" en su hogar. Para ella, el riesgo era enseñar a su hija que ser más delgada equivale a ser mejor, un ideal frecuentemente promovido por la publicidad de los medicamentos para adelgazar.

Ante este escenario, algunas recomendaciones sugieren que los padres opten por el secretismo o den respuestas vagas sobre su salud. Sin embargo, especialistas advierten que este enfoque puede ser contraproducente. Nicole Cruz, dietista registrada especializada en nutrición familiar, señala que los niños son observadores y notarán la reducción del cuerpo de sus padres y la disminución en sus porciones de comida. Si no se aborda el tema directamente, los menores podrían inventar sus propias conclusiones o, peor aún, intentar imitar comportamientos como saltarse comidas o comer porciones excesivamente pequeñas, lo que podría derivar en trastornos alimenticios.

Desde la perspectiva de la salud mental, Zoë Bisbing, terapeuta especializada en imagen corporal, aconseja la apertura total. Bisbing sugiere que, si un hijo encuentra las jeringas en la nevera o pregunta por los cambios, el padre debe responder con naturalidad, explicando que se trata de una medicina y ofreciendo detalles sobre el porqué de su uso. El secretismo, según la terapeuta, solo contribuye a generar vergüenza y estigma en torno a la medicación.

Un ejemplo de este enfoque es el de Jessie Spence, terapeuta en Carolina del Norte, quien utiliza GLP-1 para controlar el azúcar en sangre. Spence, comprometida con los valores de aceptación corporal, decidió ser sincero con su hijo, aclarando que el medicamento era para la diabetes. A pesar de haber perdido peso inicialmente y recuperarlo después de un año, Spence priorizó la honestidad para no traicionar sus principios de crianza inclusiva.

Para aquellos padres que desean proteger la relación de sus hijos con la comida, los expertos sugieren estrategias específicas de comunicación. En el caso de Caitlin, ella explicó a su hija que el medicamento era para reducir el dolor y que, como consecuencia, debía aumentar su ingesta de proteínas, aclarando explícitamente que no lo hacía para "ponerte en forma" o cambiar su apariencia. Por su parte, Bisbing propone declaraciones objetivas, explicando que algunos medicamentos tienen como efecto secundario la pérdida de peso, mientras que otros provocan el aumento del mismo, manteniendo así una neutralidad saludable.

Más allá de las palabras, el ejemplo conductual es crítico. Nikki Naab-Levy, entrenadora de fuerza y nutrición, enfatiza la importancia de no demonizar los alimentos. Sugiere que, si un niño ofrece comida, el padre debe aceptarla con naturalidad en lugar de decir "mamá no puede comer eso", evitando así vincular la restricción alimentaria con el tamaño corporal. Asimismo, Naab-Levy recomienda eliminar el uso de básculas de cocina frente a los niños y tratar cualquier conversación sobre dietas o pérdida de peso como un "tema de adultos", evitando discutirlos incluso con amigos en presencia de los menores.

Otro punto crítico es la distorsión de lo que se considera una comida "normal". Nicole Cruz advierte que, cuando un padre pierde la sensación de hambre debido al medicamento, puede perder la perspectiva sobre las necesidades calóricas de un niño en crecimiento. Es fundamental recordar que los hijos necesitan combustible y energía para su desarrollo físico y mental, por lo que los padres deben garantizar que los menores tengan acceso suficiente a los alimentos, resistiendo la presión social que impulsa la reducción de porciones, grasas o carbohidratos.

Finalmente, el entorno social juega un papel complejo. La aprobación externa y los elogios hacia quienes pierden peso pueden enviar un mensaje peligroso a los niños. Al respecto, Caitlin sostiene que, aunque es agradable sentirse bien con la apariencia, la autoestima de un hijo no debe basarse en el peso corporal.

En conclusión, el uso de medicamentos GLP-1 no es incompatible con la promoción de una imagen corporal saludable en los hijos, pero requiere un esfuerzo consciente. Como resume Zoë Bisbing, mientras que los adultos tienen derecho a la autonomía corporal y al uso de medicamentos adecuados para su salud, también tienen la responsabilidad de velar por la seguridad ambiental de sus hijos, centrando la conversación en la salud integral y no en el número de la báscula.

Esta nota fue producida por la redacción de Noticias.lat: verificamos la información en fuentes públicas y la reescribimos con nuestro criterio editorial. No republicamos textos de terceros.

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