La situación de la salud pública en la región de Atacama ha puesto el foco en la necesidad de replantear las estrategias de prevención contra el Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH) y otras Infecciones de Transmisión Sexual (ITS). Esta alerta ha sido emitida por la matrona Nicole González Díaz, quien ha identificado un fenómeno preocupante: una baja percepción de riesgo entre la población, lo que impacta directamente en la eficacia de las medidas preventivas y en la frecuencia de los controles médicos.
Según la profesional, existe una tendencia peligrosa a subestimar la posibilidad de contraer una ITS o el VIH, lo que conlleva a una disminución en la adopción de conductas protectoras. Esta falta de conciencia sobre el riesgo real es un obstáculo crítico, ya que el primer paso para la prevención es el reconocimiento de la vulnerabilidad. Cuando las personas no se perciben a sí mismas como sujetos en riesgo, la probabilidad de que busquen asesoría profesional o utilicen métodos de barrera disminuye considerablemente.
Dentro de este escenario, la matrona Nicole González Díaz ha señalado que existen grupos específicos que representan los desafíos más urgentes para el sistema de salud. Entre ellos, destacan los hombres, los jóvenes y los adultos mayores. Cada uno de estos segmentos presenta particularidades que dificultan el abordaje preventivo, pero que comparten la característica de estar menos expuestos o menos receptivos a las estrategias de salud sexual actuales.
En el caso particular de los hombres, la profesional apunta a una problemática concreta: la menor frecuencia de testeo. La resistencia o el descuido en la realización de pruebas diagnósticas regulares impide la detección temprana de las infecciones, lo que no solo afecta la salud individual del paciente, sino que también facilita la cadena de transmisión al mantener la condición de infección en estado de desconocimiento. Este comportamiento refleja una brecha de género en el autocuidado y en la relación con los servicios de salud sexual.
Por otro lado, la alerta se extiende a los jóvenes y a los adultos mayores, quienes también se encuentran entre los principales desafíos. En el caso de la juventud, la baja percepción de riesgo puede estar ligada a la falta de información adecuada o a una falsa sensación de seguridad. En cuanto a los adultos mayores, este grupo suele quedar invisibilizado en las campañas de prevención, bajo la premisa errónea de que la actividad sexual y, por ende, el riesgo de contraer ITS, desaparece con la edad.
Un punto fundamental en el análisis de la matrona es la crítica a la metodología de prevención actual. González Díaz advierte que el combate contra el VIH y las ITS requiere un enfoque mucho más robusto y constante. La profesional sostiene que las campañas ocasionales, aquellas que se realizan de manera esporádica o en fechas específicas, son insuficientes para generar un cambio conductual sostenible en la población. La prevención no puede ser un evento puntual, sino que debe integrarse como una política de salud continua y permanente.
Asimismo, la matrona destaca que no se pueden ignorar las particularidades sociodemográficas del norte del país. La región de Atacama posee características sociales y geográficas propias que influyen en la forma en que la población accede a la salud y en cómo se manifiestan los riesgos epidemiológicos. Estas variables regionales deben ser consideradas para que las estrategias de salud no sean genéricas, sino adaptadas a la realidad del territorio.
Finalmente, la profesional hace hincapié en que persisten brechas significativas en materia de educación sexual integral. La falta de una formación sólida y completa sobre la salud sexual y reproductiva es, en última instancia, la raíz de la baja percepción de riesgo. La educación sexual integral no solo implica informar sobre los métodos anticonceptivos, sino también brindar herramientas para el autoconocimiento, la responsabilidad compartida y la comprensión profunda de cómo se transmiten y previenen las ITS y el VIH.
En conclusión, la advertencia de Nicole González Díaz subraya que para revertir la tendencia actual es imperativo transitar desde campañas aisladas hacia un sistema de prevención integral, educativo y adaptado a la realidad demográfica de Atacama, con un énfasis especial en incentivar el testeo masculino y desmitificar el riesgo en jóvenes y adultos mayores.




