John Milton Quintero, ciudadano residente de la ciudad de Pereira, en el departamento de Risaralda, Colombia, ha compartido un testimonio detallado sobre su experiencia de supervivencia frente a dos eventos sísmicos que impactaron la región del Eje Cafetero. Los hechos a los que hace referencia Quintero se sitúan en dos momentos temporales distintos: el primero ocurrió en el año 1999 y el segundo sucedió el pasado 11 de agosto. Ambas experiencias han dejado una marca profunda en su percepción sobre la seguridad habitacional y la naturaleza de los desastres naturales.
En su relato, Quintero describe con precisión los momentos de pánico que experimentó mientras se encontraba en su lugar de residencia. Según sus declaraciones, el fenómeno se manifestó a través de un estremecimiento violento de su apartamento, una sensación que generó una atmósfera de incertidumbre y temor inmediato. El impacto no fue únicamente sensitivo, sino que tuvo consecuencias materiales visibles y alarmantes dentro de su hogar. El residente relata que, mientras la estructura se sacudía, diversas partes de la edificación comenzaron a desprenderse, evidenciando la fragilidad de la construcción ante la fuerza del movimiento telúrico.
Esta experiencia de desprendimiento estructural subraya la vulnerabilidad que sienten los habitantes de la zona. El relato de Quintero no se limita únicamente a su vivencia personal, sino que extiende la preocupación hacia la situación colectiva de la comunidad en Pereira. De acuerdo con el testimonio, existe un sentimiento generalizado de temor entre los ciudadanos, quienes permanecen alerta y preocupados por la posibilidad de que ocurran réplicas de los sismos. Esta ansiedad social está estrechamente ligada al estado actual de las infraestructuras urbanas, ya que persiste la inquietud sobre posibles colapsos en aquellos edificios que ya resultaron averiados durante los eventos sísmicos.
Uno de los puntos más reflexivos del testimonio de John Milton Quintero se centra en la gestión del riesgo y la preparación ciudadana. El residente explica que, a pesar de existir una preparación previa para enfrentar un terremoto, la realidad del fenómeno puede ser abrumadora. Quintero pone de relieve una contradicción fundamental: aunque las personas puedan seguir protocolos de seguridad y estar mentalmente preparadas para un evento de este tipo, la fuerza bruta y la imprevisibilidad inherentes a los sismos pueden superar cualquier expectativa o plan de contingencia establecido.
Para Quintero, la experiencia de haber sobrevivido a los terremotos de 1999 y del pasado 11 de agosto sirve como un recordatorio de que los fenómenos naturales poseen una capacidad de impacto que a menudo excede la capacidad de respuesta humana inmediata. La sensación de impotencia ante el movimiento de la estructura y la caída de escombros dentro del propio hogar refuerza la idea de que la imprevisibilidad es el factor dominante en estas catástrofes.
En conclusión, la historia de John Milton Quintero refleja no solo la fragilidad física de las edificaciones en el Eje Cafetero, sino también el trauma psicológico que persiste en la población de Pereira. La combinación del recuerdo de sismos pasados y la incertidumbre sobre la estabilidad de los edificios dañados mantiene a la comunidad en un estado de vigilancia constante. El testimonio cierra con una advertencia implícita sobre la naturaleza indomable de estos eventos, donde la preparación, si bien es necesaria, se enfrenta a una fuerza que puede resultar desbordante y sorprendente incluso para quienes ya han vivido la experiencia en el pasado.






