En un análisis reflexivo sobre su trayectoria personal y profesional, una destacada académica y gestora ecuatoriana ha compartido una visión detallada sobre la evolución de su vida y su percepción actual sobre el estado social y político del país. A través de un relato que entrelaza vivencias íntimas con marcos teóricos complejos, la autora examina cómo la experiencia práctica es el único camino viable para comprender los procesos de cambio y la dificultad de gobernar en tiempos de discordia.
La trayectoria de la autora comenzó en un hogar numeroso, siendo la primera niña después de tres varones y precediendo a otras tres hermanas. Desde temprana edad, manifestó una determinación marcada, anécdota que se ejemplifica en un recuerdo familiar donde, a los tres años, decidió partir hacia el kínder por cuenta propia, siguiendo a uno de sus hermanos y llevando consigo su lonchera sin previo aviso. Esta característica, descrita como ser 'dura de razón', se convirtió en una herramienta fundamental para navegar y superar las barreras culturales del siglo XX, permitiéndole buscar su propio destino y explorar el mundo más allá de las lecturas de Julio Verne.
En el ámbito educativo, su formación fue diversa, transitando por universidades públicas y privadas, tanto en Ecuador como en el exterior. Durante sus estudios en la Universidad de Guayaquil, la autora relata haber trasladado su hogar en el sector de Urdesa hacia el centro educativo en bicicleta, enfrentando un entorno convulso donde debía esquivar enfrentamientos armados entre grupos antagónicos. Esta situación de inestabilidad persistió hasta que, dos décadas más tarde, la gestión de León Roldós logró imponer el orden en dicha institución.
El componente social y cultural también marcó su crecimiento. La autora evoca un episodio significativo en el que invitó a su hogar a dos compañeros afroecuatorianos. Durante el almuerzo, el contraste cultural se hizo evidente cuando sus invitados comenzaron a cantar y chocar los cubiertos contra la vajilla, provocando una reacción de incomodidad en sus padres. Este evento le permitió comprender que el respeto debe ser una vía de doble sentido, reconociendo las diferencias en las expresiones culturales.
En el plano profesional, su hoja de vida refleja una polifacética capacidad de gestión. Gracias a becas, accedió a diversas especializaciones y cursos. Su experiencia abarca la presidencia de instituciones y redes, la docencia universitaria, habiendo llegado al cargo de decana, y la labor como maestra de niños con discapacidad. Asimismo, se ha desempeñado como investigadora, conferencista y asesora, además de escribir como articulista. Esta versatilidad se extendió a sus intereses personales, donde se identifica como nadadora, balletista, guitarrista, cantante, pintora y mochilera, aunque reconoce con humor ser una cocinera patética.
Desde una perspectiva intelectual, la autora ha fundamentado su análisis de las estructuras sociales y dinámicas organizacionales en la visión compleja de Edgar Morin y en la teoría de acción participativa y campo de fuerzas de Kurt Lewin. De Lewin, rescata la premisa de que no existe nada tan práctico como una buena teoría y sostiene que la única forma de comprender genuinamente algo es intentando cambiarlo. Para ella, la comprensión de los procesos de cambio es imposible si no se transita la vivencia de la acción.
Finalmente, la autora expresa su preocupación por la situación actual de Ecuador, deplorando la asincronía de voces en el país. Recuerda con nostalgia los periodos de acción colectiva en los que diversos sectores —políticos, académicos, sociedad civil, empresarios, medios y organismos internacionales— lograban acuerdos en favor del bien común.
En relación con la gobernanza, cita a Freud para definir el gobernar como una 'profesión imposible' y recurre a Maquiavelo para advertir sobre el peligro y la dificultad de administrar la creación de un nuevo orden en un mundo azaroso y desnortado. Concluye su reflexión señalando que el retorno a un ideal, comparándolo con el regreso a Ítaca, es una ilusión, calificando la era actual como tiempos posdemocráticos, basándose en los planteamientos de M. Alcántara Sáez.






