El Centro de Teatro de La Habana (CTH) y el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC) han expresado oficialmente su profundo pesar ante el fallecimiento de la destacadísima actriz cubana Paula Andrea Alí Rivera. La artista, cuya vida transcurrió entre los años 1938 y 2026, es recordada como una figura fundamental de las tablas, cuya ausencia deja un vacío inmenso en el panorama cultural de la nación.
El vínculo profesional de Paula Alí con el mundo del teatro comenzó formalmente en el año 1965. En aquella etapa inicial, la actriz se integró al emblemático Teatro Martí, una institución que se define como esencial para el desarrollo y la preservación del teatro vernáculo cubano. Durante su tiempo en este espacio, Alí tuvo la oportunidad de compartir el escenario con diversas figuras legendarias de la escena, experiencia que fue determinante para su formación y su proyección inicial en el ámbito artístico.
Sin embargo, el año 1970 representó un giro definitivo en su trayectoria profesional. Fue en ese momento cuando Paula Alí ingresó al prestigioso grupo Teatro Estudio, reconocido como una de las compañías teatrales más importantes del país. Su compromiso con esta institución fue absoluto, permaneciendo como miembro activo y pieza clave de la compañía hasta sus últimos días, consolidando así una relación de décadas con el grupo.
A lo largo de su extensa carrera, la actriz desarrolló su talento bajo la dirección de algunos de los más grandes maestros de la escena cubana. Entre los directores que marcaron su camino se encuentran Bertha Martínez (1931-2018), Héctor Quintero (1942-2011), Vicente Revuelta (1929-2012), Abelardo Estorino (1925-2013) y Carlos Díaz. El trabajo conjunto con estos destacados creadores permitió que Paula Alí construyera un legado teatral que es descrito como imborrable.
En cuanto a su repertorio, Paula Alí logró inmortalizar una gran variedad de personajes a través de obras pertenecientes tanto a la dramaturgia cubana como a la universal. Entre sus participaciones más notables destaca su trabajo en "La casa de Bernarda Alba" en 1970, bajo la dirección de Berta Martínez. Asimismo, en 1972, formó parte de la obra "El Premio Flaco", dirigida por Héctor Quintero, consolidando su versatilidad interpretativa.
En etapas más recientes de su vida artística, la actriz volvió a sorprender al público con un memorable papel protagónico en la obra "La Celestina", bajo la dirección de Carlos Díaz. Esta participación reciente subrayó la vigencia de su talento y su capacidad para liderar producciones de gran envergadura hasta el final de su carrera.
El Centro de Teatro de La Habana, en el mensaje emitido con motivo de su partida, subrayó la esencia fundamental de la actriz, afirmando que Paula Alí fue, ante todo, una mujer de teatro. En el comunicado se resalta que, aunque su fallecimiento representa una pérdida significativa para la cultura cubana, su legado permanecerá vivo en cada escenario que pisó y en cada obra que interpretó.
Finalmente, el CTH destacó que la memoria de Paula Alí perdurará no solo en los archivos artísticos, sino también en el corazón de un pueblo que la admiró y la quiso siempre. Su trayectoria es testimonio de una dedicación total al arte dramático, dejando una huella profunda en las generaciones de artistas que la sucedieron y en el público que siguió su evolución profesional desde sus inicios en el teatro vernáculo hasta sus roles más complejos en el Teatro Estudio.






