Preocupación en los Dodgers de Los Ángeles tras el incidente con Max Muncy. Durante el encuentro del viernes contra los Cerveceros de Milwaukee, el tercera base fue impactado en la muñeca por un sinker de 95.5 millas por hora en la octava entrada, lo que lo obligó a abandonar el juego inmediatamente.
La noticia positiva llegó el sábado: las radiografías iniciales resultaron negativas. Dave Roberts confirmó que no hay fractura, aunque persiste la hinchazón. Muncy se mantiene en observación diaria y será reevaluado el próximo lunes. El propio jugador se mostró optimista, señalando que, a diferencia de fracturas previas en la misma zona, esta vez no sintió las náuseas habituales, sugiriendo que el golpe impactó parcialmente en su muñequera.
Este contratiempo coincide con el regreso de un aliado clave. Kiké Hernández está completando su última asignación de rehabilitación en Oklahoma City y está listo para reintegrarse al equipo el lunes. Ante la lesión de Muncy, el manager Dave Roberts ha decidido activar a Hernández, quien probablemente iniciará en la tercera base para darle a Muncy un día adicional de descanso y recuperación.
Hernández, el veterano polivalente de 34 años, juega bajo un contrato de un año por 4.5 millones de dólares. Aunque sus estadísticas en 2025 son modestas, con un promedio de .203, su liderazgo en el vestuario y su experiencia en postemporada son fundamentales para la organización. Roberts ha indicado que Hernández verá la mayoría de sus aperturas en la tercera base, aunque también jugará ocasionalmente en el jardín para mantener sus habilidades afiladas.
Los Dodgers regresan a Los Ángeles este lunes para enfrentar a los Colorado Rockies, donde se definirá la situación final de Muncy y el impacto inmediato del regreso de Hernández al terreno de juego.
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