La “Carretera de la Vida”, que une Druzhkivka y Kostyantynivka, es hoy una ruta de supervivencia. Lo que debería ser una vía de abastecimiento vital para las tropas ucranianas, se ha transformado en una zona de muerte dominada por el flujo incesante de drones rusos.
En este tramo del Donbás, la tecnología ha reconfigurado la guerra moderna. Los vehículos blindados, antes una protección, son ahora blancos prioritarios y una desventaja. Por ello, los soldados se desplazan casi exclusivamente a pie, buscando ser pequeños y difíciles de detectar, mientras avanzan entre baches y restos de vehículos calcinados.
El equipo de CNN experimentó esta realidad en primera persona: una caminata prevista de una hora se transformó en una odisea de cinco, enfrentando al menos 14 ataques o encuentros cercanos con drones. En este entorno, el instinto humano se invierte: ya no se busca seguridad en grupo; los soldados deben separarse y huir unos de otros para ser menos atractivos para los pilotos de ataque.
La única protección es esconderse entre la vegetación o utilizar redes protectoras que, aunque detienen los drones, limitan la movilidad. Para paliar la crisis de personal, Ucrania ha recurrido a la automatización, utilizando camiones robóticos para transportar provisiones y operadoras técnicas jóvenes, como Afina, quien describe el agotador proceso de adaptarse a esta nueva guerra tecnológica.
A pesar de que el riesgo es implacable, la rápida adaptación de Ucrania —manteniéndose a pie y apoyándose en la tecnología— ha frenado el avance del adversario. El análisis es claro: aunque Kyiv no esté ganando la guerra, ha dejado de perderla, y resistir en puntos críticos como la Carretera de la Vida podría ser la clave para que Rusia retroceda.
Suscríbete a Noticias lat para más noticias.
