A más de un siglo de su asesinato, Emiliano Zapata Salazar, "El Caudillo del Sur", sigue siendo el héroe más querido de la Revolución Mexicana, un símbolo de la lucha por la justicia y la libertad para los sectores más marginados del país. Historiadores como Felipe Ávila señalan que, sin el zapatismo, la Revolución Mexicana se habría limitado a un cambio de gobierno.
Zapata lideró un ejército compuesto por indígenas, campesinos, jornaleros y obreros, luchando por la restitución de tierras y manantiales arrebatados a las comunidades desde la época colonial por hacendados y empresas extranjeras. Su movimiento transformó el modelo de país, sentando las bases del México actual.
El historiador Ávila explica que la lucha zapatista es la continuación de la defensa ancestral de los pueblos indígenas y campesinos por sus tierras, bosques, aguas y recursos naturales, una lucha que persistió incluso después de la Independencia de México en 1821.
Durante el Porfiriato, la situación de los campesinos, especialmente en estados como Oaxaca y Chiapas, se agravó, obligándolos a trabajar en condiciones de extrema marginación en las grandes haciendas. En Morelos, lugar de nacimiento de Zapata en 1879, los hacendados se apropiaron de miles de hectáreas de tierras comunales para el cultivo de caña de azúcar.
Contrario a la creencia popular, Zapata no provenía de la pobreza; sus padres eran pequeños ganaderos. Sin embargo, él también sufrió el acoso de los grandes hacendados, lo que lo llevó a ser elegido presidente de la Junta de Defensa de Anenecuilco y a apoyar a Francisco I. Madero en su campaña contra Porfirio Díaz.
El Plan de Ayala, firmado en 1911, desconocía el gobierno de Madero al considerar que había abandonado su promesa de una reforma agraria. Este plan, según especialistas, funcionó como un proyecto de nación, restableciendo la autoridad de los pueblos en los territorios controlados por el zapatismo.
Zapata fue asesinado el 10 de abril de 1919 en Chinameca, Morelos, en una emboscada considerada un acto de traición. Su legado continúa inspirando movimientos sociales y comunidades indígenas en la lucha por sus derechos, y su imagen es un ícono de la cultura popular mexicana. La consigna "Zapata vive, la lucha sigue" resuena en protestas y manifestaciones en todo el país.
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