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Un fin de semana marcado por la tragedia ha reabierto el debate sobre la violencia familiar y la protección de los menores, tras el horrendo caso de una niña de tres años asesinada por su padre, quien posteriormente se suicidó. Este nuevo episodio de violencia vicaria, un término que el tertuliano Juan Soto-Ivars considera “profundamente sesgado”, pone de manifiesto las graves carencias del sistema a la hora de detectar y prevenir situaciones de riesgo para los niños.
Soto-Ivars, en su habitual colaboración con el programa ‘Espejo Público’ de Antena 3, ha planteado una realidad incómoda que a menudo queda eclipsada por la atención mediática centrada en la violencia de género ejercida por hombres contra mujeres. Según el experto, existe un número significativamente mayor de casos de violencia vicaria perpetrados por mujeres contra hombres, con el asesinato de niños como consecuencia. Esta disparidad, a su juicio, no se refleja en los registros oficiales ni en la cobertura informativa, generando una invisibilización de la problemática.
El tertuliano ha defendido la importancia de que cualquier persona pueda denunciar situaciones de violencia de género, incluso si la víctima no es directamente agredida, ya que estas denuncias pueden desembocar en medidas de protección como órdenes de alejamiento. Sin embargo, ha criticado la ineficacia del sistema a la hora de garantizar el cumplimiento de estas órdenes y la falta de recursos destinados a la investigación y seguimiento de los casos en los que sí existe una denuncia previa por violencia machista.
“Se ve en los casos en los que hay una orden de alejamiento. El sistema falla y en este caso no ha fallado porque no había denuncia”, afirmó Soto-Ivars, subrayando la necesidad de una mayor inversión en servicios sociales y de atención a las víctimas para evitar que la violencia familiar llegue a extremos tan dramáticos.
La discusión se centra en la definición y el alcance del término “violencia vicaria”, que se utiliza para describir la violencia ejercida contra los hijos con el objetivo de dañar a la pareja. Soto-Ivars argumenta que este término es problemático porque implica una intencionalidad específica de dañar a través del hijo, lo que no siempre es el caso. Prefiere hablar de “violencia sobre niños” para evitar sesgos y centrarse en la protección de los menores, independientemente del género del agresor.
La preocupación del tertuliano radica en la falta de atención y recursos dedicados a los casos de violencia ejercida por mujeres contra hombres, y las consecuencias devastadoras que esto puede tener para los niños. Según sus datos, en lo que va de año se han registrado más asesinatos de niños a manos de sus madres que de sus padres, una cifra alarmante que no está recibiendo la misma cobertura mediática ni la misma respuesta institucional.
“A mi me parece un despropósito absoluto que en lo que llevamos de año, al igual que ha habido tres niños asesinados por el padre, ha habido un número mayor de casos de asesinatos de la madre y no está saliendo en los programas de televisión, y no aparecen en ningún registro oficial”, declaró Soto-Ivars, instando a una mayor transparencia y a una revisión de las políticas de protección infantil.
La crítica de Soto-Ivars no se limita a la falta de recursos, sino también a la ideología que subyace a la respuesta institucional a la violencia familiar. El experto considera que existe una tendencia a minimizar la violencia ejercida por mujeres contra hombres, lo que dificulta la detección y prevención de casos de riesgo.
El debate sobre la violencia vicaria y la protección de los menores es complejo y sensible, y requiere un enfoque integral que tenga en cuenta todas las posibles dinámicas de violencia familiar. Es fundamental desterrar los prejuicios y estereotipos de género, y priorizar el bienestar y la seguridad de los niños por encima de cualquier otra consideración.
La tragedia de la niña asesinada por su padre debe servir como un punto de inflexión para mejorar el sistema de protección infantil y garantizar que ningún niño vuelva a ser víctima de la violencia familiar. Es necesario invertir en recursos, formar a los profesionales, sensibilizar a la sociedad y, sobre todo, escuchar a las víctimas y a los niños, que son los más vulnerables y los que más necesitan nuestra ayuda.
La falta de registros oficiales específicos sobre la violencia vicaria, independientemente del género del agresor, dificulta la evaluación precisa de la magnitud del problema y la implementación de políticas efectivas. Es crucial que las autoridades recopilen datos exhaustivos y transparentes para poder identificar los factores de riesgo y diseñar estrategias de prevención adecuadas.
Además, es importante abordar las causas subyacentes de la violencia familiar, como la desigualdad de género, la pobreza, el desempleo y la falta de acceso a servicios sociales y de salud mental. La prevención de la violencia requiere un enfoque multidisciplinario que involucre a todos los actores sociales, desde las instituciones públicas hasta las organizaciones no gubernamentales y la sociedad civil en general.
La muerte de la niña de tres años es un recordatorio doloroso de que la violencia familiar es una lacra que sigue presente en nuestra sociedad. Es hora de tomar medidas urgentes y contundentes para proteger a los niños y garantizar su derecho a vivir en un entorno seguro y libre de violencia. La voz de los niños silenciados debe ser escuchada, y su protección debe ser una prioridad absoluta para todos.





