Santiago, 22 de marzo de 2026 – Un análisis exhaustivo de la calidad del aire en Chile, publicado recientemente en la revista Atmosphere, revela un panorama mixto: dos décadas de mejoras significativas a nivel nacional, pero con persistentes desigualdades regionales que exigen atención urgente. El estudio, fruto de la colaboración entre la Universidad de Chile, el Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR2), el Ministerio del Medio Ambiente y la Universidad del Desarrollo (UDD), confirma una tendencia positiva en la reducción de contaminantes como el material particulado fino (PM2.5), sin embargo, advierte sobre la existencia de “zonas de sacrificio” donde la contaminación atmosférica sigue siendo un problema crítico.
El informe destaca que, si bien los niveles generales de contaminantes han disminuido en gran parte del país, el sur de Chile y ciertas áreas industriales del centro-norte continúan enfrentando desafíos importantes. En el sur, la principal causa de contaminación sigue siendo el uso intensivo de leña húmeda para calefacción. Kevin Basoa, investigador del CR2, explica que la regulación sobre el uso de leña, aunque existente, no se implementa de manera plena en la región. “La leña es parte de la identidad cultural de muchas comunidades del sur, lo que dificulta la transición hacia alternativas más limpias”, señala Basoa. A esto se suman factores geográficos y las condiciones climáticas particulares de la zona, caracterizadas por la estabilidad atmosférica asociada al Pacífico, que impiden la adecuada dispersión de los contaminantes.
Las “zonas de sacrificio”, ubicadas principalmente en el norte y centro del país, representan un problema más complejo. Estas áreas, caracterizadas por la concentración de industrias contaminantes, han soportado históricamente altos niveles de contaminación atmosférica. Si bien los valores generales de dióxido de azufre (SO₂) han descendido en los últimos años, episodios agudos de contaminación todavía se registran con frecuencia, especialmente en localidades como Coronel y Talcahuano. El estudio subraya la necesidad de fortalecer la fiscalización ambiental y promover la adopción de tecnologías más limpias en las industrias ubicadas en estas zonas.
La situación actual en la Región Metropolitana, y en particular en Santiago, ilustra la complejidad del problema. Las restricciones vehiculares, que se han intensificado en los últimos años, son una medida paliativa que busca reducir la contaminación generada por el transporte. A partir de hoy, 22 de marzo de 2026, rigen las siguientes restricciones: prohibición del uso de calefactores a leña (excepto pellets) en la provincia de Santiago y las comunas de San Bernardo y Puente Alto; control de humos visibles a calefactores; restricción permanente a vehículos sin sello verde al interior del Anillo Américo Vespucio; restricción de cuatro dígitos fuera del Anillo Américo Vespucio, de lunes a viernes; restricción permanente a vehículos con sello verde (dos dígitos), inscritos antes del 1 de septiembre de 2011, de lunes a viernes; restricción permanente a motocicletas (dos dígitos), inscritas antes del 1 de septiembre de 2010, de lunes a viernes; y restricción a transporte de carga, sin sello verde, de cuatro dígitos, de lunes a viernes.
Además, se mantiene la prohibición de quemas agrícolas en toda la región metropolitana entre el 15 de marzo y el 30 de septiembre. Estas medidas, aunque necesarias, no abordan la raíz del problema y generan molestias entre los ciudadanos.
El informe de Atmosphere enfatiza la importancia de comprender los diferentes tipos de material particulado y sus efectos en la salud. Las MP10, o partículas gruesas, son partículas menores a 10 micrómetros pero mayores a 2.5 micrómetros de diámetro, generadas por fuentes móviles y estacionarias, tanto naturales como antropogénicas. Estas partículas, al ser inhalables, pueden causar problemas respiratorios y cardiovasculares, especialmente en grupos vulnerables como adultos mayores, niños, embarazadas y personas con enfermedades crónicas.
Ante la posibilidad de episodios de pre-emergencia y emergencia ambiental, las autoridades recomiendan el uso de mascarillas en los grupos de riesgo, la preferencia por el transporte público o el uso compartido de vehículos, el mantenimiento de los vehículos con la revisión de gases al día, evitar fumar en espacios cerrados, y optar por calefactores certificados en cuanto a emisiones y eficiencia energética.
El estudio también destaca la importancia de la educación y la concientización ciudadana. Se recomienda no quemar hojas ni basura, denunciar a quienes no respeten las medidas adoptadas durante las alertas ambientales, y realizar un mantenimiento adecuado de los calefactores. En particular, se enfatiza la necesidad de utilizar leña seca (con menos del 25% de humedad), distribuida por comerciantes establecidos y con patente municipal, y exigir la boleta de compra para garantizar la calidad del producto.
La calidad del aire en Chile es un problema complejo que requiere un enfoque integral y coordinado. El informe de Atmosphere proporciona una valiosa radiografía de la situación actual y ofrece recomendaciones concretas para mejorar la calidad del aire en todo el país. Sin embargo, el éxito de estas medidas dependerá de la voluntad política, la inversión en tecnologías limpias y la participación activa de la ciudadanía. La lucha por un aire más limpio es una tarea de todos, y el futuro de la salud pública y el medio ambiente chileno está en juego. La persistencia de las “zonas de sacrificio” es un recordatorio constante de que aún queda mucho por hacer para garantizar un derecho fundamental: el derecho a respirar aire limpio.






