Félix Antequera, un nombre reconocido en la televisión colombiana por personajes memorables como Nicanor Pedraza en ‘Las muñecas de la mafia’ y Moncho Maestre en ‘Oye Bonita’, tiene una historia que se entrelaza con el teatro cubano y una decisión que cambió su vida para siempre. En 1997, este actor, proveniente de una década de giras mundiales con el Teatro Buendía de Cuba, eligió Colombia como su hogar, un destino que inicialmente pensó como un breve paréntesis y que se convirtió en más de tres décadas de arraigo y éxito profesional.
Antequera llegó a Colombia tras participar en festivales de arte en Cali y Bogotá. Lo que se planteó como un año sabático, sin contrato ni garantías, se transformó en una vida llena de proyectos y afectos. “Me quedé y fui resolviendo”, afirma el actor, quien rápidamente se integró al circuito teatral y a la televisión, gracias a su formación, disciplina y experiencia internacional adquirida en África, Asia, Europa, América Latina y Australia.
Sus inicios no fueron fáciles. Publicó fotografías en la revista ‘El Malpensante’, aunque no pudo recibir el pago debido a su situación migratoria. Sin embargo, poco a poco se abrió camino, colaborando con Fabio Rubiano y entrando en el dinámico mundo de la televisión colombiana. Su primera participación fue en unos capítulos de ‘Vuelo secreto’, pero fue su papel en ‘Perro Amor’ (1998) el que lo catapultó a la fama y, de manera fortuita, lo llevó a conocer a su esposa, gracias a la intervención de Fernando ‘El Flaco’ Solórzano.
La familia fue un factor crucial en su decisión de quedarse en Colombia, pero no el único. Antequera destaca que nunca se sintió extranjero, especialmente porque llegó en una época dorada para la televisión colombiana, donde las productoras como RTI y Punch contaban con equipos formados en teatro y procesos rigurosos. Esta atmósfera le permitió desarrollarse profesionalmente y consolidar su carrera.
A lo largo de los años, el rostro de Félix Antequera se volvió familiar para el público colombiano. Sus interpretaciones en ‘Oye Bonita’, producciones biográficas y, especialmente, su icónico papel de Nicanor Pedraza en ‘Las muñecas de la mafia’ lo han convertido en un actor versátil y respetado. Antequera explica que, al interpretar a Nicanor, evitó caer en la caricatura, construyendo un personaje complejo, amante del lujo pero con matices sutiles. Además, la producción le permitió mantener su propia identidad, al no exigirle adoptar un acento paisa.
Un momento particularmente significativo en su carrera fue compartir camerino con Frank Ramírez, un actor que había admirado en Cuba durante una adaptación televisiva de ‘La mala hora’ de Gabriel García Márquez. Encontrarlo como colega en Colombia fue una confirmación de que estaba en el lugar correcto.
Aunque su última gran producción para televisión fue ‘Bolívar’ (2019), donde interpretó al general Francisco de Miranda, Antequera no ha abandonado su pasión por la actuación. En cambio, ha enfocado su energía en la formación de nuevos talentos. Durante la pandemia, se radicó en Pereira y fue invitado por la Universidad Tecnológica de Pereira para diseñar un programa de posgrado en artes escénicas, un proyecto académico que duró cerca de tres años.
Actualmente, aunque ya no está vinculado formalmente a la universidad, continúa dedicándose a la docencia y al coaching actoral. “Me gano la vida haciendo lo que me gusta y compartiendo lo que aprendí”, resume el actor.
Paralelamente a su labor docente, Antequera desarrolla un proyecto fotográfico personal que explora su experiencia migratoria. Con un archivo de más de 70.000 negativos, está creando una serie de obras donde las maletas antiguas ocupan un lugar central, simbolizando el desplazamiento y la memoria. Esta es una forma de narrar visualmente su propia historia y la de muchos otros migrantes.
Además, ha fortalecido su presencia en redes sociales, utilizando transmisiones en vivo y contenidos para reconectar con diferentes generaciones de espectadores. Considera que esta plataforma es una extensión natural de su vocación comunicativa.
Volver a la televisión no está descartado, aunque sabe que implicaría pasar largas temporadas en Bogotá, una ciudad que ama profundamente. Sin embargo, disfruta de la tranquilidad de vivir fuera de la capital y mantiene abierta la posibilidad de regresar si surge un proyecto que lo motive.
Casi tres décadas después de aquella decisión que parecía temporal, Colombia se ha convertido en su hogar. Aunque su trabajo actual se centra más en la enseñanza y los proyectos personales que en los sets de grabación, su pasión por la actuación sigue intacta. Como él mismo afirma, “actor se es hasta el último día”. Su historia es un testimonio de perseverancia, adaptación y amor por el arte, un ejemplo inspirador para las nuevas generaciones de actores colombianos.





