Buenos Aires, Argentina – La Copa del Mundo regresó a suelo argentino este jueves, desatando una ola de nostalgia y, inevitablemente, la pregunta sobre cómo sostener la gloria alcanzada en Qatar. En el marco del Tour del Trofeo de la FIFA presentado por Coca-Cola, celebrado en La Rural, campeones de México 86 y Argentina 78 compartieron sus perspectivas sobre el mayor desafío que enfrenta la selección albiceleste: mantener el nivel y aspirar a un nuevo título en Norteamérica 2026.
El predio de La Rural se transformó en un espacio vibrante, inundado de rojo y repleto de estaciones interactivas que permitieron a los visitantes revivir momentos históricos del Mundial. Pelotas de todas las ediciones, pantallas con goles icónicos, una réplica del Obelisco rodeada de imágenes de la celebración argentina y un vestuario recreado con la indumentaria actual, ofrecieron una experiencia inmersiva para los aficionados. El evento abrirá sus puertas al público este viernes, tras un registro online previo, donde podrán contemplar la Copa del Mundo original.
La ceremonia central fue conducida por Sergio Goycochea, quien dio paso a los ejecutivos de Coca-Cola, quienes destacaron que esta es la sexta gira global del trofeo y la primera visita a Argentina desde la consagración en Qatar. El momento más emotivo llegó con la aparición en el escenario de Ubaldo Fillol, campeón en 1978, y los héroes de 1986: Óscar Ruggeri, Ricardo Giusti, Jorge Burruchaga, Carlos Daniel Tapia, Sergio Batista y Héctor Enrique. Juntos, levantaron el trofeo que definió sus carreras, desatando una ovación del público presente.
La emoción fue palpable. Fillol recordó con cariño a Diego Armando Maradona, expresando que “tendría que estar” en ese lugar. Ruggeri evocó la fortaleza y la convicción del grupo campeón de 1978. Enrique, por su parte, se solidarizó con los trabajadores argentinos que atraviesan un momento difícil, en referencia al paro general convocado ese mismo día. Tapia nombró a aquellos compañeros que ya no están, como José Luis “Tata” Brown, recibiendo aplausos en su memoria. Entre anécdotas y homenajes, la Copa brilló nuevamente bajo los reflectores.
Ruggeri citó una frase recurrente de Carlos Salvador Bilardo durante la preparación para México 86: “Acá, en la Selección, plata conmigo no van a ganar, pero salgan campeones del mundo, que la gente se los va a reconocer toda la vida”. Los campeones de ambos mundiales coincidieron en que la construcción de un título se basa en un trabajo silencioso, una convicción colectiva que a menudo pasa desapercibida para el público. Esa fortaleza, según ellos, es fundamental para que el equipo actual pueda repetir la hazaña.
En diálogo con LA NACION, Sergio Batista analizó la clave para mantener la motivación tras ganar un Mundial. “Lo que hizo Lionel [Scaloni] muy bien, el técnico de la selección, es que no dejó relajar a nadie”, afirmó. “El que se relajaba, se ve que sale del plantel. Se ganó la Copa del Mundo y muchas veces en la cabeza decís: ‘¿Qué objetivo tengo después de ganar una Copa del Mundo?’”. Batista enfatizó la importancia de la exigencia cotidiana. “Uno ve de afuera que, si te relajás, salís. Lo ves en los amistosos: juegan siempre de la misma manera. Lo mejor que hizo este plantel y el técnico es no relajarse y seguir buscando objetivos”, señaló. Para Batista, esta mentalidad explica por qué Argentina se mantiene entre los candidatos al título. Sin embargo, advirtió sobre la amenaza de otros seleccionados, como Marruecos, España y Francia.
Héctor Enrique coincidió con el diagnóstico y profundizó en el aspecto mental. “En las eliminatorias parece que no hubieran ganado nada. Cada vez que les toca jugar lo dan todo, corren, meten, respetan la profesión y respetan la camiseta argentina. Por ese lado estamos tranquilos”, afirmó. El mayor riesgo, según Enrique, es la autocomplacencia. “El rival más difícil que tiene la Argentina es creerse que porque ganó el campeonato pasado ya está. Pero este cuerpo técnico no lo va a permitir”.
Ante la pregunta sobre una posible transición post-Messi, Enrique evitó señalar un heredero individual, optando por una respuesta colectiva. “El equipo. Messi fue líder porque aparte de jugar, corrió, metió, habló. Con todo el respeto del mundo, porque lo amo a Messi, me parece un jugador impresionante, pero en el Mundial se puso la 10 de Maradona”, sostuvo. Para el campeón de 1986, la conducción del ciclo no depende de un solo nombre, sino de una conducta colectiva. En esta línea, la fortaleza que exhibe la selección argentina estaría más ligada a una estructura que exige compromiso permanente que al talento individual.
Enrique, autor de la asistencia en el segundo gol de Diego Maradona a Inglaterra en 1986, reconoció que la presión será mayor al ir como campeón. “Pero esto parece que no ganaron nada. Quieren más y más. Eso es muy bueno”, expresó. Se mostró optimista sobre la posibilidad de repetir la hazaña: “Por supuesto que se puede volver a dar. Nadie creía en el anterior y salimos campeones del mundo”.
La reunión contó con la presencia de Claudio Chiqui Tapia, presidente de la AFA, quien fue reconocido desde el escenario por Goycochea y por algunos de los campeones del mundo, quienes agradecieron que se los tenga en cuenta en este tipo de celebraciones. LA NACION intentó dialogar con Tapia, pero se informó que respondería a las consultas al finalizar el acto. Sin embargo, en el momento en que se develó la Copa, mientras el público se agolpaba para registrar la escena, se retiró por una salida lateral sin hacer declaraciones. Minutos antes había trascendido que tanto él como su colaborador Pablo Toviggino fueron citados a indagatoria en una causa por presunta evasión y que se les prohibió salir del país.
Más allá del impacto simbólico, la escena dejó una conclusión compartida por quienes levantaron el trofeo más preciado: defender el título exige el mismo hambre que conquistarlo. Para Batista y Enrique, la Argentina de Lionel Scaloni parece haber comprendido esa premisa. El camino hacia 2026 apenas comienza, pero el mensaje de los campeones de 1986 fue claro: la gloria no se administra, se vuelve a buscar. La exigencia, la humildad y la ambición serán las herramientas clave para mantener a Argentina en la cima del fútbol mundial.






