Cortina d’Ampezzo, Italia – A 54 años del histórico oro de Paquito Fernández Ochoa en Sapporo 1972, España mira con esperanza a Oriol Cardona, el favorito indiscutible para conquistar el primer oro en esquí de montaña en los Juegos Olímpicos de Invierno. La presión es palpable, pero el catalán de Banyoles se muestra sereno, enfocado en el día a día y en desdramatizar la situación.
Cardona, de 31 años, ha tenido un largo y desafiante camino hasta llegar a este momento. Un verano de casi nueve meses sin competición, una espera que amenazaba con afectar su estabilidad emocional, lo utilizó para prepararse físicamente. La fortaleza mental, según él, viene de serie, aunque reconoce la eficacia de la psicología deportiva como herramienta. “Supongo que esa presión existe, pero procuro no pensar en los Juegos, en el qué pasará. Me centro en el día a día, en los entrenamientos, en las competiciones previas”, declaró antes de llegar a Cortina d’Ampezzo, donde ya ha demostrado su valía con una victoria y un segundo puesto en la Copa del Mundo 2026.
El interés mediático en Cardona es enorme. Desde revistas del corazón como Hola, que se centran en su relación con la actriz vasca Amaia Aberasturi, hasta TV3, que promociona un reportaje rodado en Noruega con el legendario Kilian Jornet como anfitrión. Este auge mediático contrasta con el pasado de Cardona, donde, antes de que el skimo fuera reconocido como deporte olímpico, se ganaba la vida como entrenador y modelo. Ahora, la profesionalización le ha permitido dedicarse en cuerpo y alma a su pasión, “Me ha cambiado la vida porque he podido profesionalizarme y dedicarme en cuerpo y alma al skimo. He podido sacar lo mejor de mí, entrenar como nunca. Además, esto me ha permitido madurar mucho este año desde el punto de vista deportivo”, afirma.
La figura de Kilian Jornet es una inspiración para Cardona. Ambos, con una diferencia de siete años, se formaron en la cantera de la Federación Catalana de Montaña (FEEC) y la Federación Española de Deportes de Montaña y Escalada (FEDME). Cardona ha aceptado los cambios que el skimo ha tenido que sufrir para adaptarse al formato televisivo y olímpico, consciente de que la esencia de las competiciones de esquí de montaña, como la Pierra Menta o la Patrulla de los Glaciares, se ha visto alterada. “No es seguro que Kilian Jornet, de haber seguido compitiendo con sus esquís, hubiese pasado por el aro. Pero los que sí lo han hecho se felicitan por lo obtenido mientras esperan tiempos diferentes, por ejemplo, los Juegos de Francia en 2030 donde exista una prueba lo más parecida a la esencia de la disciplina”, reflexiona.
Cardona ha complementado su entrenamiento específico de esquí de montaña con otras disciplinas como el ciclismo de carretera, buscando minimizar el impacto en sus articulaciones y fortalecer su musculatura, especialmente en las ascensiones. “Es difícil determinar si es más un deporte de resistencia o explosivo”, explica. Además, ha utilizado la cinta de esquí de montaña del Centro de Perfeccionamiento Técnico de Fadura (Getxo, Bizkaia) para acumular horas de esfuerzo y trabajar la intensidad. Su objetivo es ser “resistente y explosivo a la vez”, ya que las competiciones de la Copa del Mundo exigen cuatro sprints en una mañana, mientras que en los Juegos serán tres rondas, lo que premia la potencia y la velocidad.
Con 70 kilos de peso para 1.81 metros de estatura, Cardona se siente “más fuerte que nunca”, pero reconoce que sus rivales también han mejorado. Destaca al francés Thibaut Anselmet, a los suizos Arnaud Lietha y Jon Kistler, y al ruso Nikita Filipov, este último como una “sorpresa” por su rápido ascenso. Filipov, sin embargo, es también un rival temible por su estilo agresivo y su tendencia a los contactos físicos. “Yo no soy de contacto, de cuerpo a cuerpo, y no me gusta encontrar a gente como Filipov. Me gusta correr de forma limpia, no cruzarme, no molestar”, asegura Cardona.
Para evitar el caos en la salida y los embotellamientos, Cardona ha trabajado intensamente en la velocidad y las transiciones: del esquí a la carrera, de la carrera al esquí, de la subida al descenso. Un segundo perdido en encajar una fijación o quitar las pieles de foca puede ser determinante.
Cardona no es el único representante español en Cortina d’Ampezzo. Le acompañan Ot Ferrer, María Costa y Ana Alonso, esta última con una motivación especial: competir en el relevo mixto del 21 de febrero a pesar de haber sufrido una rotura del ligamento cruzado de su rodilla izquierda.
La historia de Cardona es un ejemplo de perseverancia, talento y adaptación. Desde sus inicios como admirador de Kilian Jornet hasta convertirse en el principal candidato a ganar el primer oro olímpico de esquí de montaña para España, su camino ha estado lleno de desafíos y recompensas. Ahora, en Cortina d’Ampezzo, tiene la oportunidad de escribir un nuevo capítulo en la historia del deporte español y seguir los pasos de Paquito Fernández Ochoa, el pionero que abrió el camino a la gloria invernal hace 54 años. La mirada de toda una nación está puesta en él, esperando que el segundo oro invernal para España sea una realidad.






